ERIC Digest 137 - mayo 2000
Cupones Educacionales
por Margaret Hadderman
Los programas de cupones educacionales, que proveen a los padres con becas fiscales para enviar a los niños a colegios privados o públicos de su preferencia, son la altenativa más controvertida de las numerosas opciones que ofrecen los colegios.
El concepto apareció en la mitad de los años cincuenta, cuando el economista Milton Friedman sostuvo que los cupones mejorarían la eficiencia educacional colocando a los colegios en una posición competitiva de libre mercado (Miller 1999). En 1971, mientras los estudiantes de derecho Jack Coons y Stephen Sugarman, trabajaban en el famoso caso jurídico californiano conocido como "Serrano", recomendaron el uso de cupones para estudiantes de distritos pobres, como una solución potencial para contrarrestar las injusticias insconstitucionales escolares de financiamiento (Miller).
¿Quién apoya los cupones educacionales?
El apoyo público para el sistema de cupones crece sistemáticamente. En 1998 y 1999, las encuestas Phi Delta Kappa/Gallup entregaron como resultado que el 51% de los encuestados dijeron que apoyarían una propuesta donde el gobierno pagara total o parcialmente la matrícula para enviar a sus niños a colegios privados o religiosos. En 1999, el 60% de los padres de colegios públicos estuvo a favor de esa propuesta, comparado con el 56% en 1998. Cuando las preguntas especificaban los planes con cupones, las respuestas de proponentes y oponentes se dividieron con mayor uniformidad (Rose y Gallup 1998 y 1999).
Caracterizar a los defensores de los cupones es difícil, debido a que la elección de los padres se toma por personas de distintos colores políticos y creencias,...por miembros de grupos étnicos mayoritarios y minoritarios, por ricos y pobres, por religiosos y seculares" (Metcalf y Tait 1999).
En contraste con los reportajes de los medios de comunicación que muestran la visión de políticos prominentes, la encuesta Kappan/Gallup de 1998 encontró que los encuestados republicanos estuvieron homogéneamente divididos en relación a los cupones de matrícula completa, para colegios privados o religiosos; una pequeña mayoría de los demócratas favoreció los cupones. Otros grupos que apoyan los cupones de matrícula completa incluyen a los africanos-americanos, a personas entre 18 y 29 años, a padres con niños de rendimiento normal o bajo lo normal y a los ciudadanos.
¿Cuáles son los argumentos a favor y en contra de los cupones?
Sus defensores señalan que los cupones serán capaces de proveer a las familias pobres del centro de la ciudad con las opciones educacionales disfrutadas por grupos sociales con mayores recursos, incluyendo la posibilidad de escapar de los barrios con colegios de bajo rendimiento (Metcalf y Tait). Otros piensan que el incremento de la competencia en los colegios que implementan el sistema de cupones obligará a los colegios públicos a mejorar su calidad para evitar su clausura (Adelsheimer y Rix 1999). Aun otros, consideran a los colegios privados como eficientes instituciones orientadas a la familia que promueven un adecuado comportamiento estudiantil y un alto rendimiento.
Los críticos sostienen que los planes de cupones extraerán dinero de los colegios públicos, eliminarán a los estudiantes y padres más motivados, violarán la separación entre Iglesia y Estado, serán costosos de administrar y aumentarán las contribuciones (Miller; Adelshemer y Rix). Muchos opositores también están preocupados sobre la capacidad de las escuelas privadas, el predominio de colegios religiosos, las políticas de admisión selectivas de las instituciones privadas y temas sobre el involucramiento del gobierno.
¿Los planes de cupones están siendo exitosos?
Los sistemas de cupones más conocidos que se financian públicamente son: el Programa de elección de padres de Milwaukee (Milwaukee Parental Choice Program), y el Programa de becas y tutoría de Cleveland (Cleveland Scholarship and Tutoring Grant Program). Iniciado en 1990, el programa de Milwaukee ofrecía originalmente $2.500 dólares en arancel en colegios privados para niños de familias de bajos ingresos. Con el transcurso del tiempo, los cupones se incrementaron a $5.000, la matrícula estudiantil alcanzó a 6.000 alumnos y se incorporaron nuevos colegios religiosos (Metcalf y Tait).
El programa de Cleveland fue implementado en 1996. Este programa también se enfocaba en las familias de bajos recursos, incorporaba colegios religiosos y proveía asistencia de tutoría. Para los años 1997 y 1998, hubo cupones de $4.000 dólares disponibles para alumnos desde kindergarten a quinto de preparatoria (Metcalf y Tait). Como el programa de Milwaukee, el plan de Cleveland ha sido evaluado y reevaluado por varios equipos de investigación con descubrimientos que difieren enormemente.
En junio de 1999, el congreso estatal de Florida adoptó un plan que permitiría dar derecho a cupones a 150.000 de los 2,3 millones de estudiantes de colegios públicos entre kinder y cuarto medio -lo que implica una inversión de 750 millones de dólares (Elam 1999).
Planes financiados privadamente operan en cerca de 31 ciudades (Miller). En abril de 1999, el billonario financista Ted Furstmann y el heredero de Wal-Mart, John Walton, anunciaron un plan para otorgar $170 millones de dólares en becas para colegios privados y parroquiales para favorecer a 40.000 de 125.000 postulantes estudiantes de familias de bajos ingresos.
Algunos planes auspiciados privadamente, han sido evaluados preliminarmente (por el programa de política educacional y gobierno de la Universidad de Harvard), incluyendo programas pilotos de becas en la ciudad de Nueva York, Washington D.C. y el distrito escolar de Edgewood en San Antonio.
Analizando varias evaluaciones de los programas de Cleveland, Milwaukee y la ciudad de Nueva York, los investigadores de WestEd encontraron resultados consistentes y generalmente positivos en relación con la inclusión de familias de bajos ingresos, la satisfacción de los padres, el nivel de educación de los padres, el estado civil de los padres y el tamaño de la familia, raza y etnicidad y, desgaste y mobilidad. Los resultados no fueron conclusivos ni tampoco consistentes en relación con el logro de los estudiantes y del involucramiento de los padres.
El estudio de Harvard sobre el Programa de becas de Edgewood Horizon (financiado por la Fundación para Oportunidades educacionales para niños de America ), llegó a conclusiones similares en relación con la participación de las familias de escasos recursos, la representación de las minorías, y la satisfacción de los padres en relación con los colegios privados. También, el estudio ha documentado pequeñas mejorías en el rendimiento, comparado con sus contrapartes, los colegios públicos (Peterson 1999). Otra investigación, un poco menos formal, ha revelado que los auspiciadores se enfocan en ciertos estudiantes; los cupones se utilizan, en primer lugar, para apoyar la educación religiosa; varios distritos escolares alcanzaron altos rendimientos; y tanto los padres de los alumnos de colegios públicos como de los tenedores de cupones parecían conformes con los colegios públicos locales (Mandell 1999).
¿Son constitucionales los programas financiados con cupones ?
La inclusión de los colegios parroquiales en los programas de cupones es un asunto espinoso -especialmente si se considera que cuatro quintas partes de los colegios privados tiene vínculos religiosos. Para un experto legal, la pregunta central desde el punto de vista federal es si la participación de colegios sectarios viola la cláusula de lo establecido en la Primera enmienda [de la constitucion norteamericana], la que prohibe la acción gubernamental que promueva la religión (McCarthy 2000). Durante la década pasada, señala McCArthy, la Corte suprema pareciera haber relajado su interpretación de la cláusula de lo establecido y está dispuesta a permitir mayor ayuda estatal que en el pasado, para que fluya hacia colegios privados .
Otro experto piensa que los tribunales están más dispuestos a apoyar los programas de cupones financiados públicamente si son etiquetados como becas que fluyan hacia los padres, si los padres o los estudiantes tienen una amplia gama de colegios para su elección y si no se les da preferencia a los establecimientos religiosos (Sianjina 1999).
Además, los cupones pueden ser constitucionales en algunos Estados y no en otros. En noviembre de 1998, la Corte suprema de Estados Unidos declinó la revisión de un caso que cuestionaba el veredicto de la Corte suprema de Wisconsin que apoyaba el programa de cupones - una desilusión tanto para quienes lo apoyan como para sus críticos (McCarthy).
Mientras tanto los defensores planean apelar al veredicto de la Corte de distrito de diciembre de 1999, contra el programa de cupones de Cleveland; acercando el programa para convertirse en un posible prueba ante la Corte suprema de Estados Unidos. El juez Oliver pospuso la obligatoriedad pendiente, tanto como la apelación a la Corte de apelaciones (circuito sexto) en Cincinnati.
En Maine y Vermont, ciudades con carencia de colegios secundarios, los planes informales de cupones permiten a los estudiantes secundarios, asistir a colegios públicos o colegios privados aprobados, fuera del distrito de su residencia. En ambos Estados, las cortes supremas han aplastado los esfuerzos de los ciudadanos que desean agregar los colegios religiosos (McCarthy)
¿Cuáles son las Recomendaciones y los Asuntos Políticos más Importantes ?
De acuerdo con WestEd, quienes hacen las políticas deben considerar los costos de los programas de cupones (y el costo de los posibles problemas legales). El valor y número de los cupones influirán en los costos. Los recursos perdidos por los distritos puede que tengan que ser conseguidos por medio de mayores impuestos (Adelsheimer y Rix).
Otras consideraciones incluyen, la disponibilidad de cupones, su monto, la selección de los destinatarios, publicidad y promoción, compromiso de los que no los eligen, equilibrio étnico/racial, disposiciones para estudiantes con necesidades especiales y transporte.
Los efectos de los planes de cupones no pueden ser ignorados en los colegios privados. La aceptación de fondos públicos generalmente implica aceptar normas gubernamentales, incremento en la burocracia y problemas de flujo de efectivo (Adelsheimer y Rix). La implementación de los programas es obstaculizada por el cierre de los colegios a mitad de año por el desgaste de los alumnos (White 1999) y la falta de participación de los colegios privados en los programas de almuerzos gratuitos o de bajo precio otorgados por el gobierno, que son un requisito común de eligibilidad para quienes reciben el beneficio de los cupones (Mandell).
Mayor información se necesita acerca de la capacidad y respuesta de los colegios privados para aceptar una población escolar diversa. De acuerdo con una encuesta a los establecimientos privados hecha por el Departamento de Educación de Estados Unidos, 73% de los colegios privados no están interesados en aceptar estudiantes con necesidades especiales; 92% aceptaría transferencias de estudiantes solo si se les permite mantener las admisiones, currículo y políticas de instrucción religiosa actuales (Muraskin y Stullich 1998).
La responsabilidad y la calidad de los programas son un factor importante. El público, de acuerdo con encuestas recientes, espera que los colegios privados que aceptan dólares públicos sean tan responsables ante el Estado como lo son los colegios públicos (Murphy 1999). La gran mayoría de los encuestados espera que los colegios privados acepten a estudiantes provenientes de una amplia variedad de base académica (Rose y Gallup 1999), que mantengan altos estándares curriculares y empleen a profesores titulados (Murphy). Miller recomienda que los sindicatos de profesores apoyen las decisiones del colegio como un catalizador para mejorar la educación pública y que los defensores conservadores del sistema de cupones renuncien a sus motivaciones de ahorro de dinero. Los estudiantes con necesidades especiales son caros para educarlos y los colegios del centro pobre de la ciudad se están deteriorando. Apoyándose en a Friedman, el NAACP, Lamar Alexander y varios liberales, Miller aboga por suministrar a los niños pobres del centro de la ciudad y a los colegios públicos locales con cupones basados en el costo básico por alumno más un 20%. Este enfoque progresista, piensa Miller, busca los beneficios de los cupones, sin arriesgar a los pobres.
McCarthy aboga por una amplia discusión pública del sistema de cupones antes que proliferen como colegios privilegiados y conduzcan a otro tipo de reformas, sostiene que debieramos al menos conseguir datos, que apoyan la eficacia de planes como estos y estar seguros de que no afecten los valores nacionales. Los encargados de hacer las políticas, piensa ella, debieran proceder con cautela, ya que el movimiento de privatización de los colegios tiene tremendo potencial para alterar la naturaleza y el papel de la educación pública en los Estados Unidos.
Referencias
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Mandell, Jeff. "Edgewood under Siege: Vouchers Come to a Texas School District." American Educator 23, 1 (September 1999): 25-28.
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Murphy, Dan. "Vouchers and the Accountability Dilemma: An AFT Policy Brief." American Educator 23, 1 (September 1999): 29-37. EJ 587 020.
Peterson, Paul E. "A Liberal Case for Vouchers." New Republic 221, 4 (October 4, 1999): 28-29.
Rose, Lowell C., and Alec M. Gallup. "The 30th Annual Phi Delta Kappa/Gallup Poll of the Publics Attitudes Toward the Public Schools." Phi Delta Kappan 80, 1 (September 1998): 41-56. EJ 571 808.
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Sianjina, Rayton. "Parental Choice, School Vouchers, and Separation of Church and State: Legal Implications." Educational Forum 63, 2 (Winter 1999): 108-12. EJ 578 831.
Witte, John. "The Milwaukee Voucher Experiment: The Good, the Bad, and the Ugly." Phi Delta Kappan 81, 1 (September 1999): 59-64.
Un producto de ERIC Clearinghouse on Educational Management Facultad de
Educaci—n, Universidad de Oregon Eugene, Oregon 97403
Este articul— se public— gracias a la Universidad de Oregon y se tradujo
por CENLADEC (Centro Latinoamericano para el Desarrollo, la Educaci—n y la
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Traducci—n por Amado Lascar, amado@darkwing.uoregon.edu
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